Diluvio de Olivas

Escrito por Noajidas. Publicado en Janucá

Janucá es sin dudas una de las festividades más conocidas y atractivas que encontramos en el calendario hebreo. Es la fiesta de las luces! Es un momento muy especial y esperado durante el año para el pueblo judío.

La luz de Janucá, reflejada en el encendido del tradicional candelabro de 8 brazos, viene acompañada de regalos, comidas tipicas como latkes y donas, y el tradicional juego del sevivón.

Pero, ¿qué evoca realmente Janucá? ¿Qué mensaje deja esta celebración al mundo?  

UN POCO DE HISTORIA

En primer lugar, Janucá, en su sentido más simple, conmemora la victoria que obtuvieron hace mucho tiempo, un grupo reducido de judíos, de la familia sacerdotal, los macabeos, sobre los griegos, quienes en ese momento habían conquistado la tierra de Israel y gobernaban sobre ella, quienes aunque no deseaban exterminar físicamente al pueblo judío, si intentaban anular su identidad a través de decretos tales como la prohibición del estudio de la Torá, el shabat y la circuncisión. Es en esas condiciones que estos valerosos héroes libraron una batalla contra el opresor reino helénico en una total desigualdad, logrando vencer milagrosamente al ejército más poderoso del mundo de aquel entonces, a pesar de ser ellos un grupo muy reducido y débil. Todo ello gracias a la sobrenatural asistencia divina.

En segundo lugar, al momento de liberarse del yugo griego, y recuperar el dominio sobre las instalaciones del Gran y Sagrado Templo de Jerusalén, el cual había sido profanado por los conquistadores de turno, se planteó en ese momento una gran disyuntiva para los sabios, ya que la Torá ordena que dentro del Templo debe encenderse de continuo la menorá, el candelabro, con aceite de oliva ritualmente puro, especialmente elaborado para ese fin, cumpliendo una serie de normas para que adquiera esa condición. Normalmente se disponía de reservas del mismo, contenido en vasijas lacradas y selladas para garantizar su aptitud. Los griegos, además de profanar el templo se encargaron de abrir e impurificar todas las vasijas de preciado aceite. Por lo cual, en principio no había posibilidad de cumplir con el precepto. No obstante, milagrosamente, a pesar de la sistemática profanación griega, una sola vasija de aceite puro y apto, había permanecido intacta. Ahora había aceite! Pero solo para un día. Allí surge la gran pregunta, ¿qué hacer? Si se encendía el candelabro de inmediato, duraría un solo día prendido y luego otra vez no habría con que encenderlo, ya que como mínimo se necesitaba una semana para elaborar más aceite. Los sabios finalmente optaron por encenderlo igual, y no demorar el precepto. Y allí, una vez más la intervención divina no se hizo esperar, y el aceite que duraría un día ardió durante ocho días hasta que pudo hacerse más aceite apto para el precepto! 

Por este motivo los sabios establecieron celebrar cada año estos acontecimientos encendiendo luces, y evocando con diferentes costumbres que hasta en la actualidad se mantienen, los milagros relacionados a la victoria sobre la opresión defendiendo el derecho a la identidad, como así también lo relacionado al aceite.

 

DETRÁS DEL RELATO

Como todo en la Torá, Janucá puede estudiarse en muchos niveles, uno más profundo que el anterior.

El sagrado libro del Zohar, libro principal de la cabalá, nos alienta a no quedarnos tan solo con las historias, las cuales pueden ser comparadas a simples vestimentas que ocultan el verdadero significado de la Torá.

Al principio, planteamos la pregunta sobre cuál es el realmente el mensaje de Janucá. ¿Que nos cuentan las velas de Janucá más allá de lo literal del relato? ¿Qué se vislumbra en la destellante llama que arde erguida con firmeza sobre el candelabro?

El Tikunei Zohar 13, 29ª, y el Zohar Jadash, sobre Génesis 8.11, nos enseñan que la rama de olivo en el pico de la paloma de Noaj es una alusión al aceite de oliva que nosotros utilizamos en la festividad de Janucá.

No es casualidad que la fecha en la cual culminaran los 40 días del diluvio que nos narra la Torá acaeciera precisamente durante los días en que se celebra Janucá. Más específicamente como lo precisa Rashi: “el 27 del mes hebreo de Kislev concluyó la lluvia” [Rashi sobre Génesis 7.12, 8.3].

De aquí aprendemos que Janucá contiene la energía espiritual del nuevo inicio. Tanto en la generación del diluvio como en la de los macabeos, era necesario un nuevo comienzo. Volver a construir luego del caos.

Es durante estos días de Janucá donde la paloma trae el mensaje a Nóaj. No solo la noticia de que había tierra donde desembarcar, sino el mensaje de la luz de Janucá, que le decía a Nóaj, y nos sigue deciento a nosotros en la actualidad, que siempre se puede reiniciar, siempre se puede volver a construir. No importa el diluvio universal o personal que hayamos atravesado, conectados con la Luz, siempre es posible iluminar, hacer que la oscuridad desaparezca y construir un mundo mejor, un mundo donde las nubes se disipan y la luz brilla fulgurante, ya sea sobre un candelabro o en un prístino arcoíris que nos recuerda el pacto de Di-s con Su mundo.

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