Purim | Un mundo sin Amalék

Escrito por Noajidas. Publicado en Purim

Hamán | Un malvado descendiente de otro malvado

Cuando uno lee el relato del libro de Ester se encuentra con un personaje absolutamente malvado y despiadado, sin un haz de luz ni bondad; un personaje que encarna el odio y egoísmo extremo. Este personaje es nada más y nada menos que Hamán, el primer ministro del rey  de Persia en aquellos días, Asuero.

Pero, luego de leer lo acontecido surge la pregunta: ¿cómo es posible que una persona posea semejantes cualidades negativas? ¿De dónde proviene este odio ensañado contra los judíos? La respuesta la obtenemos cuando revisamos la ascendencia de Hamán y encontramos que este último es un descendiente de Amalék, el implacable enemigo del pueblo de Israel, sobre quien, por su gran maldad, Di-s ordenó al pueblo Judío lo siguiente:

"Recuerda lo que Amalék hizo contigo en el camino, cuando saliste de Egipto… borrarás la memoria de Amalék de debajo del cielo,

¡No lo olvides!"

Devarim / Deut. 25.17-19.

Según esto, que Di-s ordenó al pueblo de Israel borrar la memoria de Amalék, es necesario entender también el motivo tan grave por el cual se le dictaminó semejante castigo. Muchas naciones hicieron cosas malas en contra de Di-s y del pueblo de Israel, pero no vemos que se las castigue con semejante juicio. ¿Cuál es la razón de este actuar de Di-s hacia Amalék?

  

El origen de Amalék y su odio a Israel

Cuando observamos el origen de Amalék nos comenzamos a dar cuenta el por qué del exterminio de su memoria, y la razón por la cual Di-s decretó un castigo tan severo, más que sobre cualquier otra nación.

Amalék fue hijo de Elifáz y Timná. Elifáz era el hijo mayor de Eisav (Esaú), y Timná, la concubina de Elifáz, era la hija de un príncipe de Seír. Esta Timná era una hija ilegítima de Elifáz, producto de una relación ilícita con la esposa de Seír.

Cuando a Timná le llegó el momento de casarse intentó hacerlo con Iaakov, quien la  rechazó por su condición de hija ilegítima. Por esta razón, Timná se dirigió a su propio padre, Elifáz, quien la tomó como concubina, y de esa relación incestuosa nació Amalék.

Elifáz se había criado en la casa de Itzjak, por lo cual había sido circuncidado a los ocho días, ya que Eisav circuncidó a todos sus hijos mientras vivía su padre, por lo cual Elifáz poseía aún algún grado de decencia. Pero Amalék, su hijo, nació Lugo del fallecimiento de Itzjak, por lo cual no fue circuncidado, y creció bajo el cuidado del malvado Eisav, de quien heredó un odio implacable hacia Iaakov y su descendencia.

Eisav dijo a Amalék:

  “Has tuya esta tradición: cuando veas a los descendientes de Iaakov tambalear ¡atácalos!

 Entonces Amalék dijo a su abuelo Eisav:

“No temo a Di-s. No me siento avergonzado por tu conducta ni la mía. No honraré los actos de los justos; desprecio a ellos y a sus acciones. ¡La grandeza y la fortaleza son mías! Desataré una guerra contra los hijos de tu hermano, quienes heredaron la grandeza que te pertenece a ti. Lucharé contra ellos de frente y con emboscadas, daré muerte a los rezagados y exterminaré a sus más grandes figuras, hasta destruirlos a todos completamente”.

Luego de esto, Amalék vivió mucho tiempo, y vio descender a Iaakov y sus hijos a Egipto. Los vio ser esclavizados y dijo:  

“La venganza de mi abuelo Eisav se ha cumplido, pues nunca saldrán de esta esclavitud, y aunque salgan, los estaré esperando en el camino como un oso devorador, y los exterminaré”.

Los descendientes de Amalék se multiplicaron en gran cantidad, y se convirtieron en un pueblo numeroso, y Amalék infundió en sus corazones un odio implacable y mortal en contra del pueblo de Israel. Y al ver salir a estos de Egipto, su odio estalló como una llama. Reunió a su pueblo y le tendió una emboscada. Y cuando Israel se encontraba fatigado y exhausto, se abalanzó sobre su gente y los atacó, tal como dice el versículo: “Y vino Amalék…” (Shemot  / Éxodo 17.8).

Por todo este odio y proceder malvado Di-s decretó la exterminación total de Amalék y su descendencia, tal como encontramos en el libro de Devarim / Deut. 25.17-19:

 "Recuerda lo que Amalék hizo contigo en el camino, cuando saliste de Egipto… borrarás la memoria de Amalék de debajo del cielo, ¡No lo olvides!"

 Y también en Shemot / Éxodo 17.16:

 "Ya que alzó la mano en contra del trono de Di-s, habrá guerra del Eterno contra Amalék de generación en generación."

 

Amalék| Un malvado en contra de Israel y las naciones

Si observamos detenidamente en los sucesos relacionados a Amalék, no solo encontraremos sobre el daño que este malvado hizo en contra de Israel, sino que también veremos cómo su accionar trajo un incalculable perjuicio a todas las naciones del mundo, constituyéndose así no sólo en un personaje no grato para el pueblo de Israel, sino para todos los pueblos.

Con respecto a Amalék, fue dicho por Bilám (un profeta gentil a las naciones):

“Primera es Amalék entre las naciones, mas al fin perecerá para siempre.”

 Bamidbar / Números 24.20.

Pero, es sabido que antes de Amalék existieron setenta naciones descendientes de los hijos de Noaj (Noé). Entonces, ¿a qué se refería Bilám al decir “primera entre las naciones”? No se refería a su aparición cronológica, sino a que fue la primera nación que se atrevió a hacer guerra contra Israel luego de su salida de Egipto.

Encontramos que cuando Israel salió de Egipto las naciones más poderosas del mundo “escucharon y temblaron” (Shemot / Éxodo 15.14-16) por las grandes señales y maravillas que Di-s hizo en la tierra de Egipto a favor de Israel, las plagas, la partición del mar, etc. En este momento histórico todas las naciones habían comprendido que era Di-s Mismo Quien estaba haciendo milagros para Su pueblo. La rectificación del mundo era inminente. Di-s se estaba por revelar en el monte Sinaí y la Toráh (los 5 libros de Moisés) sería entregada, convirtiendo a Israel en un pueblo de sacerdotes que oficiaría su servicio a favor de toda la humanidad, y entrarían a la tierra Prometida para convertirla en el lugar de la morada de Di-s, en "el santuario que las manos de Di-s prepararon" (Shemot 15.17), un sitio donde acudirían todas las naciones del mundo, y los pueblos dirían:

“Venid, subamos al monte de Di-s, a la casa del Di-s de Iaakov, para que nos conduzca en Sus caminos y sigamos Sus sendas.”

 Ishaiahu / Isaías 2.2.

Todos los poderosos del mundo, incluyendo el faraón, temieron y temblaron, las naciones que habitaban la tierra prometida aceptaron devolver la Tierra a su legítimo dueño, Israel. Edom y Moav olvidaron su odio hacia Israel, y toda la humanidad estaba alistada para unirse a Israel en su cántico:

 “Di-s reinará por siempre…”

 Shemot / Éxodo 15.18.

En esta situación única y sin precedente, donde nadie se atrevería osar hacer nada en contra de Israel surge un malvado sin igual, quien a sabiendas de la destrucción que le sobrevendría a causa de su accionar, decide hacer lo inimaginable, como está dicho:

“Y vino Amalék y lucho contra el pueblo de Israel”

Amalék, a pesar de saber que sería exterminado total y eternamente de este mundo, procuró apagar la llama del reconocimiento de Di-s que ardía en ese momento en la humanidad, tratando de sembrar confusión e incertidumbre en los corazones de Israel y las demás naciones.

 

¿Qué es lo que hizo Amalék?

Los sabios explican que lo que logró Amalék fue “enfriar” a Israel ante las naciones del mundo, y lo comparan con una tina con agua hirviente a la cual nadie puede meterse. Entonces viene una persona despreciable y se zambulle.  A pesar de sufrir grabes quemaduras, logró enfriar el agua para que otros también puedan meterse. Así ocurrió con Israel y las naciones. Cuando Israel salió de Egipto todas las naciones les temían, pero luego que Amalék lucho con Israel, a pesar de ser vencido, se enfrió Israel a los ojos de las demás naciones, se percibió como menos imponente, ya que ya hubo alguien que al menos le hizo frente.

Antes de que comenzara a brillar el sol de nuestro padre Avraham, el mundo entero estaba inmerso en una profunda desolación. Parecía como si la luz se hubiera extinguido y el mundo estuviera confinado a sumergirse en un abismo de corrupción, maldad e idolatría. Entonces apareció Avraham y encendió una brasa. Luego sus hijos la siguieron avivando, al punto de convertirla en una llama imponente que irradiaba luz y calor. Cuando los hijos de Israel salieron de Egipto entremedio de maravillas sorprendentes y la milagrosa revelación de la Divina Presencia, los judíos, todos los egipcios, y todos los pueblos del mundo comprendieron que sólo Di-s es Rey y no hay nada que exista fuera de Él. La creación entera se encontraba expectante ante la llegada del tal sublime ocasión: Di-s descendería al monte Sinaí y hablaría directamente con el hombre, cara a cara. La soberbia del hombre desaparecería y sólo Di-s Se alzaría excelso en ese día. Los falsos dioses estaban por desaparecer. Di-s se revelaría a Su pueblo y lo designaría como Su enviado para la humanidad, para iluminar el camino de estos. ¿Podía existir alguna nación tan osada como para argüir: “¿Quién es Di-s para que tengamos que escucharlo?” (Shemot / Éxodo 5.2).

Todo el pueblo de Israel estaba listo para la oportunidad, preparado para encaminar a los demás pueblos del mundo hacia Di-s, tal como ocurrirá al final de los días. Fue entonces que vino el malvado Amalék y arruinó todo. Se lanzó dentro del fuego, fuego al que todos temían, y se quemó, enfriándolo para los demás. Y en ese momento, ¿qué argumentaron los demás pueblos? Dijeron: “La lucha continúa. Sólo nos hemos rendido temporalmente”. La rectificación del mundo volvía a ser postergada por muchos años más, hasta el final de los días.

En lo referente a Israel, pese a ver que Amalék se había quemado, también se encontró con que su fuego y la fuerza de su propia fe se habían enfriado. ¿Quién hubiera creído que existiría una nación con la avidez de librar batalla contra el pueblo de Israel después de todo lo que había sucedido? Sin embargo, ¡Vino Amalék y lo hizo!

La lucha continúa. Israel aún no ha perdido su miedo al hombre mortal, no lo ha reemplazado con el temor a la majestuosidad y grandeza de Di-s. Amalék atacó sus puntos débiles, introdujo miedo en aquellos cuyas manos evadían el yugo de la responsabilidad Divina, sembró angustia y desesperación en los corazones de quienes eran fuertes.

Cuando el pueblo se paró frente al monte Sinaí, luego de combatir contra Amalék, algo de la integridad de su corazón faltaba. Esta leve debilidad se reveló más tarde en una serie de actitudes graves. De esta forma, la rectificación de  Israel, y el consecuente progreso espiritual del mundo fueron postergados.

Ya han transcurrido más de tres mil años desde entonces y la redención final aún no ha llegado. El mundo sigue al borde del abismo; y todo esto a causa de esta despreciable serpiente: Amalék, el malvado, sean borrados su nombre y su recuerdo.

  

Amalék, Hamán y Purim

Una vez que conocemos quien fue Amalék entendemos por qué su más famoso descendiente, Hamán, albergó semejante odio al pueblo de Israel, al punto de querer exterminarlo completamente.

Hamán no es otra cosa que Amalék intentando destruir al pueblo de Israel, y la victoria de los judíos sobre Hamán no es otra cosa que la intervención Divina en la guerra de Di-s contra Amalék, tal como fue dicho:

“Ya que alzó la mano en contra del trono de Di-s, habrá guerra del Eterno contra Amalék de generación en generación..

En Purim, así como en los días de Moshé (Moisés) Di-s hizo posible que el pueblo de Israel venza a su peor enemigo, Amalék, así ahora en Purim Di-s hace posible la destrucción de su descendiente Hamán. Por lo tanto, la gran victoria de Purim, de los judíos sobre Hamán, no es otra cosa que la victoria sobre Amalék, un enemigo de Israel y el responsable de que también las naciones no hayan reconocido a Di-s en el la entrega de la Torá en el monte Sinaí.

 

Un mundo rectificado 

Amalék sólo puede imponerse sobre Israel cuando este último se debilita en su servicio a Di-s. Amalék representa la impureza total, sin nada de bien, mientras que Israel representa todo lo contrario, la pureza y la luz.  El resto de las naciones están a un lado y son influenciadas por cualquiera de estas dos naciones. Si Israel esta fuerte en su servicio a Di-s influencia al mundo y lo lleva hacia la rectificación final, mientras que si, Di-s libre, Israel no está fuerte, Amalék sumerge al mundo en odio y depravación.

En el futuro, a consecuencia de que el mundo entero se inclinará hacia el bien, únicamente Amalék, cuya esencia es solo mal, perderá la capacidad de existir y su nombre será borrado de debajo del cielo. El resto de las naciones serán recompensadas en la Era Mesiánica, al final de los días, ya que la sumisión de una nación a Di-s es un mérito para ella. Un ejemplo de ello es Egipto, de quien Di-s dijo “Sabrá que Yo soy Di-s” (Shemot 14.18), como así también los Filisteos y los Poderosos de Moav, quienes se inclinaron antes la majestuosidad de Di-s.

Sin embargo, Amalék no posee bien alguno, por lo cual Di-s eliminó todo vestigio de temor de su corazón para que eternamente se mantenga alejado de Él.

Finalmente, cuando no haya más temor de guerra, cuando el miedo a Amalék desaparezca y no exista ninguna cosa que obstaculice la reverencia del mundo hacia Di-s, se cumplirá la orden de “borrarás la memoria de Amalék de debajo del cielo”, como si Amalék jamás hubiera existido, ni él ni su perversidad. Entonces será un mundo perfecto y rectificado, semejante a una nueva creación, un mundo sin Amalék.

 

Adaptado de Sefer Hatodaá, mes de Adar, Rabino Eliahu Kitov.

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