Sección Bereshit

Escrito por Noajidas. Publicado en Torá & Tanaj - Biblia Hebrea

 Bereshit ­1.1-6.8

 "La mujer dijo a la serpiente: ‘Del fruto de los árboles del jardín podemos comer. Pero del fruto del árbol que se encuentra en medio del jardín, Di-s ha dicho: No comerán de él y no lo tocarán, no sea que mueran’”

Bereshit  3.3

 

 En rigor de la verdad, el hombre no tenía prohibido tocar el árbol, sino solo comerlo [Bereshit] 2.17, por eso Rashi comenta sobre el versículo que:

 “Javá [la primera mujer] añadió al [sentido exacto de] la orden divina, por lo cual finalmente acabó reduciéndola. A esto se refiere lo que se declara: ‘No agregues nada a Sus palabras [Proverbios 30.6]’”.

  Esta semana recomenzamos la lectura semanal de la Torá. La primera sección del primer libro, Bereshit, nos cuenta sobre el primer mandamiento que Di-s ordenó a Adam, al primer hombre, de no comer del árbol del conocimiento.

 Sobre ello, el Midrásh explica [Bereshit Raba 21], que la orden que recibió Adam fue solo para el primer día de la Creación, y exclusivamente durante las tres últimas horas de esa jornada, hasta que comenzara el Shabat [el séptimo día], ya que la orden fue en la hora novena, y al alcanzar el crepúsculo, (la decimosegunda hora temporaria contando desde el amanecer) al iniciarse el Shabat se permitiría aquello que estaba prohibido. Incluso así, Adam no pudo contenerse y trasgredió el mandato divino.

Surge entonces la pregunta: Adam era obra de la mano de Di-s y escuchó la voz de su Hacedor, ¿cómo entonces es posible que no lograra abstenerse de comer de un simple árbol?

 Para entenderlo, debemos explicar algunas cuestiones. Es sabido que todo ser humano tiene dos instintos básicos, dos tendencias naturales: una es aquella que lo impulsa a hacer el bien, es decir, todo aquello que el Creador dictaminó como acciones permitidas, acercándose a Él. El otro, es el instinto que lleva a rebelarse contra Él, siendo su más genuina aspiración que la persona haga lo contrario a la Voluntad de Di-s. Todos sus argumentos, cuando le dice a la persona que trasgreda una prohibición o que no cumpla un precepto, argumentando que conlleva muchas dificultades, y requiere muchos esfuerzos y recursos, esos alegatos, en realidad, se perfilan hacia una sola dirección e intención, que la persona viole la voluntad del Creador, y este es el instinto del mal [trasgredir la Palabra de Di-s].

 Es por ello que respecto al precepto que resulta más importante, tanto por la persona, tanto por el lugar, tanto por el tiempo, así también son más grandes los esfuerzos de la mala inclinación para que no llegue a concretarlo.

 En verdad, el Creador no viene con exigencias desmedidas al individuo, y todo aquello que pide, es de cumplimiento sencillo, sin embargo, la mala inclinación viene con todo tipo de argumentos y lógica para que no lo realice.

Cada uno siente de vez en cuando dentro de sí que hay determinados pormenores o detalles que intelectualmente son más fáciles de cumplir que otros. Y a pesar de que estas cuestiones son fáciles en forma objetiva, hay una sensación de que estas cosas simples son costosas de cumplirlas. ¿Cuál es el motivo? Que la mala inclinación aplica un denodado esfuerzo y energías para complicar y enmarañar, especialmente estas cosas que ahora son más importantes para la persona observar.

 Se explica extensamente en las dimensiones místicas de la Torá, que cada individuo tiene cierta afinidad y aproximación con aquellos preceptos que están vinculados estrechamente con la misión de éste aquí, en este mundo, más que con otros preceptos con los cuales está en igualdad de obligación con el resto de la humanidad. Por ello, la mala inclinación influye para complicar, obturar y sabotear el camino a la observancia de dichos mandamientos, al saber que estos son los que tienen mayor impacto y trascendencia para la persona. Esta es una de las explicaciones de los sabios, de que cuando una persona es más grande en espiritualidad que su compañero, su mala inclinación crece tanto más. Cuando la persona es más grande espiritualmente, sus preceptos impactan más, por ello la mala inclinación esfuerza más al individuo. Otro motivo agregado a esto es para que haya libre elección, para lo cual las fuerzas de la impureza deben estar en igualdad de condiciones que las de la santidad. Por ello, cuanto más grande es el individuo, tiene más fuerza de espiritualidad, y proporcionalmente su mala inclinación también se incrementa adquiriendo mayores fuerzas. Por este motivo, Adam no pudo contenerse de comer del árbol del conocimiento. Al ser que era “producto de la mano de Di-s”, justamente por su tan grande elevación poseía una mala inclinación acorde a su excelso nivel.  

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