Sección Vaieshev

Escrito por Noajidas. Publicado en Torá & Tanaj - Biblia Hebrea

Bereshit 37.1-40.23

 

  “Y Iosef llevaba a su padre malos informes acerca de sus hermanos”

 Bereshit 37.2

 UNA DISPUTA NOÁJIDA

 La sección de la Torá que corresponde a esta semana, nos relata acerca de la vida de Iosef, el hijo de Iaakov, y entre los diversos acontecimientos allí descriptos, encontramos el hecho sumamente llamativo respecto de su accionar para con sus hermanos.

La Torá reconoce en Iosef una persona justa, a quien le tocó padecer sufrimientos y obstáculos, y lejos de claudicar, los sorteó exitosamente. No obstante, en esta sección leemos que Ioséf llevaba a su padre Iaakov “malos informes” de sus hermanos.

 

Sobre esto los sabios de Israel abundan en explicaciones para comprender su actitud, y una de ellas se vincula directamente con los noájidas, dado que toda la familia de Iaakov adhería minuciosamente la observancia de los 7 preceptos universales, quienes si bien cumplían los mandamientos que posteriormente le serían legados a su descendencia en el monte Sinaí[1], no obstante, a los efectos legales, eran juzgados según las leyes del código noájida[2].

 

SUPERPOSICIÓN QUE ENTRÓ EN COLISIÓN

Una opinión de los sabios comenta: “Mis hermanos tratan a los hijos de Bilá y Zilpá [3]como sirvientes, en cambio yo los trato como hermanos”, tal como leemos: “Él (Iosef) era un joven que estaba con los hijos de Bilá y Zilpá” [Bereshit 37.2]. Dijo Di-s a Ioséf: “Por tu vida que serás castigado de acuerdo a tu acusación. Tú los acusas de tratar como siervos a sus hermanos, por ello tú mismo serás vendido como sirvo”, tal como hace referencia el versículo: “Semejante a un sirviente fue vendido Ioséf [Tehilim 105.17]”.

Por su lado, Rabí Iehudá sostiene: “Dijo Ioséf a su padre: “Mis hermanos comen miembros cortados de animales mientras aún están vivos (lo que constituye la violación de uno de los siete preceptos noájidas!)”. Dijo Di-s a Ioséf: “¡El mismísimo acto de tu venta incluirá el sacrificio de un animal!”, como leemos: “Degollaron un macho cabrío y embebieron la túnica (de Ioséf) en su sangre [Bereshit 37.31]”.

Y Rabí Iosi sostiene: Dijo Ioséf a su padre: “Mis hermanos ponen sus ojos en las mujeres que no les pertenecen”. Por ello le dijo Di-s: “¡Te juro que eso mismo será tu castigo! ¡Tu patrona pondrá en ti sus ojos!, como leemos: “La esposa de su patrón puso sus ojos en Ioséf [Bereshit – Gén. – 39.7”].

 

LA ESCRUPULOSA ADHERENCIA DE IOSEF AL CODIGO NOÁJIDA

Según la segunda opinión, la de rabí Iehudá, la disconformidad inicial entre Iosef y sus hermanos estaba vinculada a las prohibiciones alimenticias que la Torá establece (Kashrut) y el Mandamiento Noájida, el cual prohíbe comer carne (o el miembro) que fue quitado de un animal mientras éste permanezca vivo. Por su parte, La ley de la Torá exige el faenado ritual bajo técnicas especiales, y a partir de ese momento se permite consumir la carne del animal, aunque estén aun presentes leves movimientos de agonía; en ese caso el noájida debe esperar hasta su total parálisis.

Iosef y sus hermanos tuvieron una encendida disputa respecto a este punto, ya que los dos sistemas legales, uno para aquél tiempo ya entregado por Di-s [el código noájida] y otro aun por revelarse [la Torá en el monte Sinaí - pero ya conocido proféticamente], se superpusieron. Ambos sistemas de origen Divino, pero en algunos casos imposibles de conjugar y aplicar por las mismas personas simultáneamente.

Los hijos de Lea argumentaban que ellos, al adherir a las normativas tal cual serían brindadas en Sinaí, se eximen de aquella proscripción noájida, y para demostrarlo, faenaron un animal conforme a las leyes que estipularía la Torá en el futuro, y comieron de su carne antes de cesar por completo su movimiento. Ioséf, al contemplar esta escena, que oscilaba entre desafío y comprobación, percibió desde su punto de vista un grave error y lo presentó ante su padre, que según la opinión de Rabí Iehudá esos eran “los malos informes”[4].

 

Perparaot laTorá, Bereshit.

El Camino del Gentil Justo, Reseña histórica.



[1] Los patriarcas del pueblo de Israel, Avraham, Itzjak y Iaakov, fueron también notables profetas, por lo cual habían podido vislumbrar, gracias a sus capacidades extraordinarias, los preceptos que Di-s ordenaría a su descendencia en el monte Sinaí, y por Motus propio decidieron observarlos, aunque aún no habían sido ordenados. Asimismo los trasmitieron a sus descendientes, quienes actuaron de igual modo. A colación, La Torá nos cuenta que cuando Di-s bendijo a Itzjak, fue "porque Abraham escuchó Mi voz, y guardó Mi encargo, Mis mandamientos, Mis estatutos, y Mis leyes" [Bereshit 26:5]. Sobre ello, Rashi comenta que "encargo" refiere a los preceptos de la Torá que aún no habían sido ordenados, incluyendo prohibiciones rabínicas muy posteriores a Sinaí, como pormenores concernientes al cuidado del Shabat [día de descanso para el pueblo de Israel], mientras que "mandamientos" se refiere a prohibiciones tales como robo y asesinato [dos de los Siete Mandamientos Noájidas - Comentario de Rashi respecto a Bereshit – Gén.- 26.5.). 

[2] Ver Enciclopedia Talmúdica Tomo 3, bajo la búsqueda de “Bnei Nóaj”.

[3] Iaakov tenía cuatro esposas: Las hermanas de Rajel y Leá, y las sirvientas de ellas, Bilá y Zilpá. Ioséf, hijo de Rajel, le dijo a su padre que los hijos de Leá trataban como sirvientes a los hijos de Bilá y Zilpá.

[4] Ver comentario de Rashi respecto a "Y trajo Iosef un mal reporte a su padre..." [Bereshit 37:2].

 

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