Sección Vaerá

Escrito por Noajidas. Publicado en Torá & Tanaj - Biblia Hebrea

 

 Shemot 5.2-9.35

 

   “Y sabrán los egipcios que Yo Soy el Eterno”

  Shemot 7:5

 

 La sección de la Torá correspondiente a esta semana nos relata acerca de las plagas que Di-s envió sobre Egipto. Sin bien a simple pareciera una retribución por parte del Creador contra la esclavitud y la negativa de liberación del pueblo hebreo, no obstante, si exploramos el texto, éste nos señala un sentido mucho más profundo:

 “Para que sepan los egipcios que Yo soy el Eterno, cuando extienda Mi mano sobre Egipto”.

 Al respecto comenta el un célebre exégeta del medioevo, Don Itzjak Abarbanel, que los egipcios, liderados por el faraón, renegaban de la existencia Divina, de su providencia y capacidad de obrar milagros y maravillas que quiebran el orden natural de las cosas. Ante esa obstinada terquedad, las tres primeras plagas atestiguaron sobre la existencia de Di-s, las tres siguientes sobre su potestad y conducción absoluta, y las últimas demostraron Su  poderío sobrenatural.

 

 Además de ello las plagas sobrevinieron “para hacer conocer al pueblo de Israel la grandeza de Di-s”, “y para que relates en los oídos de tus hijos y de los hijos de tus hijos respecto a cómo sancioné a Egipto, y a través de ello sabrán Quien es Di-s” (Shemot ídem.).

Esto último se ciñe al propósito de la creación toda, “a causa de Israel y de la Torá”. Dado que el pueblo judío fue destinado a ser modelo y ejemplo de toda la humanidad, “Serán luz para las naciones” (Ishaiahu 42:6), y los individuos de éstas ostentan el rol de establecer y preservar el mundo, cuidándolo y ocupándose activamente de su continuidad y desarrollo, objetivos que se alcanzan a través de la adherencia a sus 7 preceptos universales, ello permite que sobre un mundo civilizado y consciente de su Hacedor, entonces Israel pueda proyectar la luz Divina mediante la observancia de los 613 preceptos.

Del mismo modo que Di-s sancionó a los egipcios por no ajustarse a su propósito, del mismo modo lo haría con Su pueblo, si estos no observaren Su ley.

  En cuanto a ti y tus sirvientes, yo sé que no le temen al Eterno Di-s”

 Shemot 9.30

  UN COCKTAIL EXPLOSIVO:

 Granizo entremezclado con fuego fulgurante e incandescente cual lava ardiente.

 El Faraón se ve desbordado por la irrupción de la plaga del granizo entremezclado con fuego fulgurante e incandescentes cual lava ardiente, que amenaza a destruir a todo Egipto y le implora a Moshé que le ruegue a Di-s que frene la plaga, prometiendo que liberaría a los hebreos de su esclavitud, y no los retendría más, ya que había comprobado que el Eterno es justo, y su pueblo – los egipcios - los perversos.

Moshé siempre salía a las afueras de la ciudad a rezar, puesto que Egipto estaba plagado de ídolos. Sin embargo, consciente de ello el Faraón, en esta oportunidad, le solicitó permanecer en ella y orar lo más pronto posible, suponiendo que “a confesión de parte,  relevo de pruebas”.

El reconocimiento de su propia culpabilidad, junto con la  incapacidad de los ídolos de contrarrestar el granizo, la confianza expresa en Di-s, serían  suficiente aliciente para demostrar al líder judío que él y su pueblo ya no creen ni se encomiendan en las idolatrías, por la tanto éstas se tornan nulas y carentes de validez. Ahora entonces, Egipto estaba a priori nulificado y neutralizado en sus diversas adoraciones paganas, purificado y dispuesto a que Moshé invoque la misericordia Divina.

Mas él  replicó “En cuanto a ti y tus sirvientes, yo sé que no le temen al Eterno Di-s”, y sobre ello Rashi comenta que cuando cese la plaga, retornarán y persistirán en sus prácticas y creencias erróneas, Y al ser que si la boca y el corazón no neutralizan  la idolatría simultáneamente, el procedimiento es inválido, ya que no alcanza con meras declaraciones ocasionales y bajo presión, sino que interiormente se debe estar plenamente consciente de abandonar la idolatría, y si no ocurre esto, las expresiones no surten efecto.

Ello se establece de  acuerdo al Shuljan Aruj o Código de la Ley Judía, Ioré Dea 146:7, donde encontramos que un gentil puede anular la idolatría con la palabra, pero si se está bajo influencia de una presión coyuntural, la misma no es valedera.

Es por este motivo que Moshé tuvo la necesidad de salir de la ciudad, para comunicarse con el Eterno desde un lugar digno.

 

Del libro Bror Taam.

Traducido y Adaptado de Imbrot Jojmá Shemot pág. 72.

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