Sección Tetzave

Escrito por Noajidas. Publicado en Torá & Tanaj - Biblia Hebrea

 

 Shemot 27.20-30.10

  La sección semanal de la Torá nos relata respecto de la normativa del Eterno para con  el pueblo de Israel de fabricar aceite puro de oliva para alimentar la iluminación de la Menorá, el sublime candelabro de oro emplazado en el santuario portátil del desierto. Y también nos cuenta sobre la descripción y confección de las vestimentas para los Cohanim (sacerdotes), descendientes de Aharón, hermano de Moshé, quienes oficiaban el servicio de aquel tabernáculo desmontable. Finalizando con el detalle de los pormenores de la construcción del Altar, donde sería quemado el incienso.

 

En referencia a las vestimentas de los Cohaním, la Torá declara: “y habrás de hacer ropajes de santidad para Aharón, tu hermano, para su honra y belleza. Y hablarás a todos los sabios de corazón, a quienes Yo he colmado de un espíritu de sabiduría, y ellos confeccionarán estas vestimentas para santificarlo, para servirme” (Shemot 28:2-3).

Del comienzo del versículo se desprende que el propósito de las vestimentas sacerdotales era para que Aharón se vistiera pulcra y elegantemente. ¿Por qué entonces, se le ordena a Moshé hablar a los que confeccionarían las ropas para que concentren su atención de que esas vestimentas fueran usadas para consagrar a los sacerdotes al servicio del Eterno?  

Al respecto se explica que las ropas de los sacerdotes conllevaban un profundo simbolismo espiritual y místico: Estaban orientaban a imbuirlos de una inspiración orientada a potenciar el nexo ya existente en ellos con el Creador,  y a motivarlos espiritualmente,  Por esta razón, debían ser confeccionadas bajo el patrón exacto que el Eterno había indicado.

No obstante, para cumplir con este requisito, no resultaba necesario que estas vestimentas luzcan resplandecientemente elegantes bajo los cánones y patrones estéticos humanos; bastaría con la musa interior que de ellas se desprendiera.

Sin embargo, la Torá nos subraya “Para su honra y belleza”, es decir que el aspecto estético humano si es importante, incluso condición sine qua non, para la aptitud de esas ropas.

De esto aprendemos que la naturaleza humana exige que algo que conlleva una importancia superior, una relevancia supina, deba ser también exteriormente bello y elegante, puesto que nuestros sentimientos, emociones y hasta pensamientos son enormemente influidos por las apariencias e imágenes exteriores. ¡Cuanto más si hablamos de observar un precepto que nos vincula con el infinito, con lo más trascendental de la existencia, que los elementos a utilizar y aplicar en él y su tratamiento deben ser de lo más selectos y exclusivos!

Además, Moshé habló a los encargados de la tarea, sobre la santidad de la conexión con el Creador para estimularlos e instarlos a adoptar una actitud espiritualmente elevada y significativa en su trabajo. Si hubiese solo mencionado el talante estético, estos hubieran desviados sus pensamientos e intenciones hacia aristas, quizás más frívolas, olvidando el propósito de su confección.

El espíritu de estas normativas sugiere numerosas y valiosas lecciones para la vida cotidiana, tanto para judíos como para gentiles: existen muchos motivos para incentivar a una persona a que realice determinada tarea, pero si le proporcionamos esa razón que lo motivará personalmente y movilizará a título individual, con esto lo hacemos participe y protagonista en nuestros planes, provocándole involucrarse totalmente, más allá de lo establecido, y desplegando un potencial mucho mayor, hasta quizás desconocido para el mismo.

  

Adaptado de Meor Hashabat, del Rabbí  Kalman Packouz

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