Sección Ki Tisá

Escrito por Noajidas. Publicado en Torá & Tanaj - Biblia Hebrea

Shemot 30.11-34.35

 La sección semanal de la Torá narra sobre el pecado del becerro de oro, el cual el pueblo judío idolatró, a solo unas semanas de haber sido testigos visuales de la revelación Divina en el monte Sinaí. En concordancia a estos contenidos, la Haftará semanal (la selección de los libros de los profetas que le sucede a la lectura semanal de la Torá) en Melajim 1 (Reyes 1.18) nos refiere a la historia del profeta Eliahu en el monte Carmel, en la que sostuvo una álgida pugna con los profetas de la falsa deidad del “Baal”, al cual muchos judíos comenzaron a idolatrar.

La contienda llegó a tales extremos que llevó al profeta a exhortar al pueblo en los siguientes términos “¿Hasta cuándo estarán saltando a ambos lados de la cerca?, ¡Decídanse! ¡Si el eterno es vuestro Di-s, vayan tras de Él, si en cambio, el Baal es vuestro dios, entonces vayan tras de él!”, Melajim 1  / 1:18:21.

De este dramático dilema existencial, se deduce que la actitud más grave a adoptar es justamente la especulación entre ambos extremos, entre el monoteísmo y la idolatría, creyendo, paradójicamente, en ambas posturas, sin desprenderse de ninguna de ellas, a tal punto que estas cavilaciones  y disyuntivas son peores incluso que el mismísimo paganismo. Coloquialmente, “baila en dos bodas simultáneamente”.

 LA ENCRUCIJADA Y SUS CAVILACIONES

Entonces, la pregunta que surge es la siguiente: ¿No es preferible la creencia en Di-s y también a su vez en otro poder, antes que la “fe” sólo en este último – en el poder ajeno a Di-s-?  ¿Por qué es peor la combinación de monoteísmo + idolatría que ésta última a secas? El Rambam explica (Hiljot Avodá Zará 1:1) que el fenómeno de la idolatría, en sus albores se originó, a causa de una grave equivocación por parte de los seres humanos, quienes erraron al suponer que siendo que Di-s designó a los cuerpos celestes y las constelaciones para distribuir los efluvios de energía hacia el mundo, es de rigor honrarlos y servirlos, para hacerse acreedores a su “bendición”. Como consecuencia, la idolatría deviene y deriva de la voluntad humana de recibir la emanación que fluye de diferentes vertientes y fuerzas que interactúan en el cosmos, bajo la suposición (errónea) de que estas fuerzas tienen libertad de elección y decisión a quién, cómo, cuándo y de qué forma trasmiten esas energías, entonces glorificando y adorando a estos astros se recibiría mayor caudal de bendición, prosperidad, salud y felicidad, todos ellos con mayor intensidad.      

 MEJOR UN IDOLATRA SINCERO QUE UN PÉNDULO OSCILANTE Y AMBIVALENTE 

Es en este punto donde se refleja la diferencia entre aquel que idolatra y aquel que especula entre el monoteísmo y el paganismo, cree en ambos y “baila en dos bodas simultáneamente”, un péndulo oscilante y ambivalente. Es factible que el idólatra se percate algún día de su error, se arrepienta y modifique su actitud. Más quien especula, le es sumamente dificultoso reconocer su equívoco, puesto que además de pagano también es “creyente”. No está dispuesto a renunciar a nada. Además, el idólatra, aunque crea en los poderes de su falsa deidad, sin embargo, desea alcanzar y conectarse con la verdad. Muy a pesar de su ceguera mental, en su paganismo es muy sincero, se aferra al servicio y adoración de entidades que considera que son la fuente de la vida, y se subordina a sus designios. En contraposición, el especulador no está en la búsqueda de la verdad, sino se centra en su propia comodidad, intentando disfrutar de las bondades de todos los mundos. Otro aspecto en detrimento del especulador, es el grado de influencia entre su entorno: dado que se presenta como “creyente”, logra consenso y aceptación, entre los adeptos al monoteísmo, pero como también es “pagano”, eventualmente “mostrará la hilacha” y destilará su veneno, contagiando a los verdaderos creyentes con su profunda ambivalencia distorsión mental. En cambio, el idolatra confeso y declarado, es contundente en sus convicciones y la gente sabrá preservarse de su influencia.   

Y TU, ¿DE QUÉ LADO ESTÁS? 

Es por eso que el profeta declaró el llamamiento “¿Hasta cuándo estarán saltando a ambos lados de la cerca? En sus ojos, la actitud ambivalente, de péndulo oscilante, egocéntrica y falta de compromiso, es mucho peor que la mismísima idolatría del “Baal”. Porque es imposible tener toda la luz y toda la tiniebla en un mismo envase. También en la vorágine de nuestra actualidad, en nuestro “aquí y ahora”, debemos preservarnos de esta tendencia tan perniciosa y engañosa, y de su influencia ponzoñosa.  Es más fácil enfrentarse a situaciones de total descreimiento y frontal apatía hacia la Divinidad y sus mandamientos que ante la circunstancia de creer en el Eterno pero también en otros factores. Cuando la propia vida gira en torno de ¿Qué me conviene más? o ¿De quién obtendré más provecho? El ego propio, la comodidad y el facilismo ocupan toda la escena, y la verdad se escapa como agua entre las manos. 

 Adaptado de Shuljan Shabat, Shemot 282, por el Rabino Ariel Groisman.

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