Secciones Vaiakhel-Pikudéi

Escrito por Noajidas. Publicado en Torá & Tanaj - Biblia Hebrea

Shemot 35.1-40.38

  

“Lo que tenían, alcanzaba y aún sobraba para todo lo que había que hacer” 

 Shemot 36.

 

 

 EXPIANDO TRASGRESIONES DE UN MODO SUGESTIVAMENTE SENCILLO   

 Las secciones de las Escrituras correspondientes a esta semana nos relatan sobre el esmero y prontitud con la que los hijos de Israel se dedicaron a la construcción del Tabernáculo. Al respecto la Torá nos señala que ellos contribuyeron con muchas más donaciones de las que fueron requeridos. Este entusiasmo fue consecuencia de que el Eterno ordenó erigir este santuario portátil para expiar el pecado de la idolatría del becerro de oro.

 

A fin de purificarse de tamaña transgresión, que afectó y repercutió en todo el pueblo, fue también imprescindible que se involucraran y participaran todos ellos, a través de las contribuciones.

La flagrancia y la obscenidad del pecado del becerro de oro fue tan grave, que las sanciones derivadas de éste fueron distribuidas en el transcurso de todas las generaciones, de acuerdo a lo escrito “y el día que Yo haga un balance, su falta la tomaré en cuenta en contra de ellos” (Shemot 34:32) es decir, que todo castigo que el Eterno aplica a Israel, incluye una parte de sanción por el becerro de oro.

La pregunta es ¿Cómo es posible que una simple construcción sirva como expiación ante un pecado tan terrible?

Lo comprenderemos explorando el verdadero significado del pecado del becerro.

Escribe el Rambam (Comienzo de Hiljot Avodá Zará) que la idolatría no representa solamente la negación en la unicidad de Di-s, sino que también la perpetra aquel que cree que además del Creador, existen uno o varios diferentes poderes absolutos que influyen y actúan en el mundo, y más sutilmente, el hecho de adjudicarle el carácter de existencia independiente de la soberanía de Di-s, a cualquier fuerza o elemento, también refiere a un grado muy tenue de idolatría.

La contraposición más determinante a la adoración de ídolos es la idea de la unicidad absoluta de Di-s, cuyo significado más profundo es la conciencia permanente que “no hay otro fuera de Él”, entendiéndose como que no existe ninguna criatura, ente o fuerza, que interactúa en el universo, así como ningún poder o factor de las dimensiones espirituales, ningún ente desligado o emancipado del Eterno, siendo que Él, recrea y recicla la existencia toda constantemente.

 

 AMALGAMÁNDONOS | FUSIONÁNDONOS | INTEGRÁNDONOS

El correlato más tangible a este conocimiento evidencial, se nos presenta mediante la declaración “Reconócelo (al Eterno) en todos tus caminos” (Proverbios 3:6). Esta instrucción expresa la conexión del individuo con su Creador, más allá de la observancia de los preceptos y obligaciones hacia Él, indicadas  para las naciones del mundo en los siete preceptos universales y sus derivados, dado que en referencia a éstos la persona aparece ejecutando o absteniéndose de órdenes puntuales, pero aun su ser más interior permanece fuera de la escena.

“Reconócelo en todos tus caminos” sugiere una fusión total con el Eterno, a tal punto que las prácticas y costumbres cotidianas, como ser comer, viajar, trabajar, pasear, son integradas al servicio Divino, intentando bosquejar a través de ellas Su providencia, la maravilla de Su creación y  misericordia para con todas las criaturas, y  sus sabias indicaciones que guían al ser humano para que haga de este mundo una morada propicia para revelar Su esencia más íntima.

 EL ELEVADO PROPÓSITO ULTERIOR DE LOS INDIVIDUOS DE LAS NACIONES DEL MUNDO

Según esto podemos comprender por qué el Tabernáculo representa una expiación ante el pecado del becerro: Puesto que a través de Él, se manifestó la declaración de las Escrituras “Y moraré dentro de ellos” (Éxodo 25:8), es decir que cuando las maderas, cueros, telas, piedras preciosas y demás materiales, de propiedad privada e individual de cada varón, mujer y niño, fueron donados como contribución, se conjugaron y alistaron en aras de servir al fin comunitario más noble: de transformarlos en un receptáculo para la divinidad, mediante estas acciones demostraban y reconocían la unicidad de Eterno incrustada y escondida dentro de estos objetos.

Esta trasformación radical, de ser estos elementos que potencialmente podían haber sido utilizados para idolatrar, y, no obstante, los mismos son dedicados al servicio del Eterno, encuentran su máxima expresión en el oro, como declara el Midrásh (Bereshit Raba Vaiakel) “¿Por qué causa el Tabernáculo contenía gran proporción de oro? - Dijo Di-s: Que venga el Oro del Tabernáculo a expiar el oro del becerro”.

Y está también es la función y el propósito de los individuos de las naciones, reconocer la soberanía absoluta del Creador y orientar el rumbo de sus vidas, sus acciones y decisiones, e incluso sus costumbres y hábitos más triviales y cotidianos, en aras de la canalización de un objetivo más elevado, el de “Perfeccionar el mundo mediante el Reinado del Eterno".

 

Traducido y Adaptado de Shuljan Shabat Shemot pág. 301.

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