Sección Vaikrá

Escrito por Noajidas. Publicado en Torá & Tanaj - Biblia Hebrea

Vaikrá 1.1-5.26

 “Una persona de ustedes que acercare una ofrenda para el Eterno, del ganado vacuno o del ganado menor…” 

Vaikrá 1:2

    La sección correspondiente a esta semana lleva por nombre el mismo que el libro de la Torá que la contiene: “Vaikrá” (“y llamó”), y se dedica a instruir acerca de las diversas ofrendas animales, vegetales y minerales, que el individuo debe o puede ofrecer al Eterno.

Los individuos de las naciones pueden dedicar estas ofrendas en cualquier tiempo y lugar, incluso en la actualidad, tal como se viene llevando a cabo desde los albores de la humanidad, como se registra en las Escrituras en el libro de Génesis,  aquellas acercadas por Caín y Abel, Nóaj, Abraham, Itzjak y Iaakov.

 

En estos tiempos, al pueblo judío le está vedada esta posibilidad, puesto que la Torá expresamente exige para los hijos de Israel, que estos sacrificios sean presentados únicamente sobre el altar el Sagrado Templo de Jerusalén, y como es sabido, éste ha sido destruido hace 1939 años, y será reconstruido con la pronta llegada del Mashíaj. Mientras tanto se extienda el prolongado exilio del pueblo judío, se estableció un sistema de rezos diarios que tiene por función suplir o complementar de algún modo la falta de ofrendas diarias.

Sin bien estas diferencias subyacen en el aspecto práctico en la ejecución de las ofrendas, no obstante, en cada precepto existe una dimensión superior, interior, más profunda, vinculada ya no a las normativas y procedimientos físicos, a y su consecuente fría letra de la ley, sino más bien a su espíritu, a su simbología y significado ulterior, y desde esa dimensión tanto noájidas, es decir los  individuos de las naciones, como los integrantes del pueblo hebreo, pueden inspirarse en su mensaje vigente y actual, aprendiendo poderosas y eficaces lecciones de vida.

 

ANIMALES ESPIRITUALES

En primer lugar, el término hebreo que significa “ofrenda” es “Korbán”, el cual deriva etimológicamente de la raíz “Karov- Leitkarev”, acercarse, es decir, que la ofrenda recrea el proceso de aproximación de la persona hacia su Creador. El precepto del “Korbán” simboliza entonces, el deber individual, personal e intransferible de intentar aproximarse lo más posible al Eterno.

¿Cómo se realiza una ofrenda? En esta sección la Torá nos instruye acerca de la obligación de las ofrendas para el pueblo judío.  Se toma un animal, se lo chequea para verificar que esté en perfecto estado y sin imperfecciones, se lo degüella, y se le extrae la sangre, para luego incinerar parte de sus entrañas y cebos sobre un fuego que ardía en el altar.

Cada uno de estos componentes en la descripción, encuentra su analogía en el servicio espiritual que refiere a las ofrendas:

Tomar un Animal: La persona debe sujetar y amarrar su propio “animal”, es decir sus inclinaciones hacia lo tosco, burdo y rústico, hacia lo temperamental y visceral, y sus tendencias egocentristas y materialistas, y acercarlas al Eterno. Uno mismo, en su interior, debe buscar los senderos adecuados para canalizar y orientar estas fuerzas animalescas hacia el servicio espiritual.

Chequearlo: El gran peligro que acecha en la búsqueda espiritual es la errónea evaluación del propio ser, el no valorar correctamente los potenciales y los talentos personales, y por esta causa equivocarse en los diagnósticos interiores. Es por eso que uno mismo debe “auto chequearse” para asegurarse que, en efecto, ninguno de los múltiples “yoes” que conforman su personalidad quede ajeno a los designios Divinos.

Degollar: El procedimiento de degollar al animal provoca que éste se desangre y muera. Todos sus órganos quedan intactos, solo que sin vitalidad ni entusiasmo. Esto representa que el sendero adecuado y aceptable para acercarse al Eterno no es la abstinencia de lo material. Muy por el contrario. Todo debe permanecer en su lugar, solo que es necesario extraer de ellos el fervor excesivo y el entusiasmo exultante que por veces estos placeres nos llevan a experimentar. En su lugar reorientaremos estas fuerzas hacia el servicio espiritual, y no hacia las propias ambiciones desmedidas que provocan solo futilidad y frivolidad. “Extraer solo la sangre, pero la carne queda intacta”

Fuego y altar: El “Altar” espiritual, se recrea dentro del corazón de uno mismo. Y el “fuego” que arde sobre él, es aquel innato y natural de los seres humanos por su Creador, tanto consiente como inconscientemente.

El propósito del individuo en esta vida es avivar este fuego de amor a lo espiritual e incinerar a través de este esas ambiciones desmedidas, ese desborde incontrolable, ese egocentrismo pernicioso, para que todos sus emprendimientos materiales estén imbuidos e insuflados de fresca fragancia Divina.

Estas “ofrendas”, la del propio ego que se incinera en las llamaradas flameantes de amor al Eterno en estado puro, existen en todo tiempo y lugar, y para todos los habitantes de la tierra por igual.

 

Solo hace falta acercarlas.

Traducido y adaptado de Shuljan Shabat Vaikrá pág. 44.

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