Sección Sheminí

Escrito por Noajidas. Publicado en Torá & Tanaj - Biblia Hebrea

Vaikrá 9.1-11.47

 

LA DIETA UNIVERSAL

En la sección de esta semana, Dios entrega a los hijos de Israel las leyes del Kosher, es decir, el sistema de alimentación que le es permitido a ellos, incluyendo la comida apta para ser consumida, identificando las especies de animales que pueden ser consumidas y aquellas que no. Por ejemplo, de los animales terrestres están permitidos sólo si tienen las pezuñas partidas y si son rumiantes; los peces deben tener escamas y aletas.

 

También se inserta dentro de estas disposiciones la forma de faenado de los animales y las aves.

Esta dieta es de carácter obligatorio y exclusivo para el pueblo judío, mientras que para los individuos de las demás naciones rige una única prohibición y sus derivaciones, aquella concerniente a comer carne o un miembro de un animal mientras esté aún con vida (Génesis 9:4).  

Al hombre se le concedió el dominio sobre “los peces en el mar, las aves del cielo, el ganado y todo lo que está sobre la tierra”. El hombre entonces pasa a ser “guardián” de la creación de Dios. Si bien podemos hacer uso de los animales, no podemos causarles sufrimientos innecesarios. Esta ley fue recién dictada luego del diluvio e incluye la prohibición de matar, afligir o causar daño a animales, y por extensión a toda la naturaleza,  por “entretenimiento” (incluido las corridas de toros o peleas de animales) o innecesariamente. El uso de la piel de animales sí está permitido (Bereshit /Génesis 3:21) siempre y cuando sean para un propósito útil, como ser vestimentas o calzado, o cualquier otro propósito beneficioso para el ser humano.

Maimónides, en sus explicaciones a la Mishná o compendio de la Torá oral, explica un gran fundamento para comprender esta y otras prohibiciones: “detrás de las acciones se inspiran los corazones”. Nuestro accionar, sea en una dirección o la opuesta, es lo que provoca y genera nuestra personalidad. Nadie nace malo o bueno, cruel o misericordioso, pecador o piadoso. El Eterno nos confirió la capacidad de libre albedrío para decidir el sendero a transitar, y solo nosotros seremos los responsables de nuestro futuro, cuando abandonemos este mundo.

Entonces, el solo hecho de abstenerse de la acción física de aplicar la crueldad hacia los animales, y activamente apiadarnos de ellos, bregar en pos del proteccionismo de las especies y recursos naturales, flora, fauna y minerales, instila y arraiga en nuestros corazones nobles y genuinos rasgos de carácter, como ser el compromiso hacia la creación del Eterno, ejerciendo una autoridad responsable, siendo nosotros, los seres humanos, los únicos creados a “imagen y semejanza de Dios”.

No hace falta aguardar a que estos sentimientos, valores y principios florezcan en nuestro interior. Al ejecutarlos, estaremos comenzando a desarrollarlos.

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