LA ERA DE ACUARIO | MÁS QUE UNA ÉPOCA DE CAMBIO, UN CAMBIO DE ÉPOCA

Sucede. Puede Ocurrir. A menudo quizás nos preguntemos ¿Hasta cuándo existirá el mal en el mundo?, ¿Acaso ya no fueron suficientes todos los sufrimientos padecidos a lo largo de la historia? ¿Qué más nos falta experimentar?

 

 

Bereshit 6.9-11.32

 

 

 “Sintió Di-s el aroma placentero, y dijo Di-s en Su corazón: ‘No volveré más a maldecir la tierra a causa del hombre; porque la inclinación del corazón del hombre es mala desde su juventud. Ni tampoco volveré a castigar a todo ser viviente, tal como lo hice. Mientras perdure la tierra – siembra y cosecha, frio y calor, verano e invierno, día y noche, no descansarán [no cesarán]’”.

 

Bereshit 8.21-22

 

 

 A fin de comprender este versículo, cita el Rabí Baruj Ashrovitz, más conocido como el predicador de Kremenchug, aquello afirmado por el Ramban [Najmánides], que el diluvio aplacó y disminuyó la fuerza del planeta, la de sus fenómenos naturales y, principalmente, la de sus habitantes, de tal forma que la longevidad máxima del ser humano no se extienda por periodos tan largos como previo al diluvio, salvo alguna que otra excepción, donde el Creador decidió, por motivos para Él reservados, prolongar la vida de algunos individuos durante el curso de la historia. Pero, en términos generales, cercenó a 120 años como máximo la vida humana.Sobre el sentido de esta limitación, se explica en el libro de Iov [Job] que la generación del diluvio se corrompió a causa de su gran arrogancia y estilo de vida en exceso permisivo y descontrolado, es por ello que a favor de corregir estos desbordes, Di-s aplacó su fuerza corporal y su capacidad hedonista, para que no les sea posible continuar en esa loca carrera detrás de las frivolidades.

 De ello se desprende que si, en efecto, tras el diluvio hubiesen seguido bajo la misma tesitura, Di-s los tendría que haber seguido debilitando, hasta llegar a límites inusitados e insospechados de baja intensidad, peligrando el mismísimo sostén de la existencia.

Es por eso que, el Creador, en su perpetua Misericordia, desarrolló otro tipo de límite y barrera al desenfreno humano, para contener y parapetar ese dañino desborde.

Frecuentemente contemplaos una infinidad de personas que cubren todas sus necesidades, y no les falta nada, sin embargo nunca encuentran tiempo libre. Muy por el contrario, atareados deambulan todo el tiempo, sin siquiera poder detenerse a disfrutar lo que han obtenido con tanto esfuerzo y denuedo, debido a sus abultados compromisos y obligaciones laborares, profesionales o sociales, y en sus interiores los carcomen las preocupaciones, internas y externas, que se suman a los dilemas y vicisitudes en las que cavilan.

Si no comprobaríamos esto con relativa frecuencia, si nos hubiesen contado que existe un país donde hay gente así, que tienen todo y aún quieren más, al punto de desesperarse y exasperarse, no lo hubiésemos creído, ya que esto es como una especie de locura, tal como dice Kohelet  [Eclesiastés]:

 

“¿por qué yo me esfuerzo, pero a mi alma le falta todo bien?”.

 

Justamente es esta suerte de “enajenación generalizada” y “esquizofrenia de baja intensidad” la que Di-s instiló e instauró en las fibras más íntimas del ser individual, para obturar e impedir su decadencia en pos de sus debilidades y frívolas ambiciones.

Todo esto comenzó luego del diluvio. Si aquella generación se hubiese conducido bajo ese estado de “semi-locura”, no se hubiese llegado a una situación donde “se destruyó toda carne sobre la tierra”, pues estaban totalmente desentendidos de toda congoja, vacilación y preocupación, y ese andar laxo, anodino y abúlico, es el que los llevó a pecar y trasgredir.

Esta idea es la que trasluce el versículo: Solo ahora, en esta generación, precisé debilitar la fuerza de la tierra, es decir la materia, para apaciguar la mala inclinación de los seres humanos, pero a partir de ahora no voy a aumentar en maldecir más a la tierra debido a que el instinto del hombre es malo desde su juventud, y tampoco volveré a castigar más a todo ser viviente, tal como lo hice, porque esto haré a ellos: A pesar que tengan semillas y cosecha para comer y beber, a pesar de ello “día y noche no descansará”, quien aumente en bienes también lo haga en preocupaciones, y a través de esto no tendrá tiempo, ni disposición de correr tras las huecas e insustanciales ambiciones de su corazón!

 

Dibrei Baruj, pág. 45.


 

UN NUEVO MUNDO | UN MUNDO CON TORÁ

 

 

 Tras el diluvio, Di-s hace un pacto, que nunca más destruirá la civilización, y el sentido del pacto es “porque el instinto del corazón del hombre es malo desde su juventud”, pero anteriormente [3.5] cuando Di-s decide efectuar el diluvio, dice el versículo:

 

“Vio Di-s que aumentó la maldad en la tierra y todo el instinto de los pensamientos del corazón solo era malo todo el día y se arrepintió Di-s de haber hecho al hombre sobre la tierra…”

 

He aquí que el motivo del diluvio mismo era el instinto del corazón que es malo”. ¿Cómo puede ser que el acusador se convirtió en defensor, que el sentido originador del diluvio se convirtió en aquel valido para aseverar que no nos sobrevendrá otro?

 

En la introducción de su libro “Minjat Asher” sobre el tratado de Shabat, nos lo explica el Rabí Osher Weiss Shlit´a, destacando 4 diferencias lingüísticas presentes en los versículos en cuestión:

  • En el versículo que se encuentra antes del diluvio está escrito “y todo el instinto de los pensamientos de su corazón solo es malo todo el día”, mientras que luego del diluvio no está escrito “todo”, sino “porque el instinto de la persona es malo”.
  • Otro detalle agregado: Antes del diluvio está escrito “solo mal”. Pero luego del diluvio no está escrito que los pensamientos son “solo malos”.
  • El tercer detalle: antes del diluvio fue dicho que el instinto de los pensamientos de su corazón eran malos “todo el día”, pero luego del diluvio fue dicho solo “desde su juventud”.
  • Y finalmente: Antes del diluvio fue dicho que “el instinto de los pensamientos de su corazón es solo mal”, pero en el versículo posterior al diluvio no dice que sus pensamientos son malos, sino “que la inclinación del corazón del hombre es mala desde su juventud”, de lo cual se entiende que el instinto es malo, pero no sus pensamientos.

A estos contrastes se los comprenderá de la siguiente manera:

La primera persona sobre la que hay testimonio histórico que estudió la Tora fue Nóaj (Como explica Rashi sobre el versículo “de todo animal puro tomarás para ti” – lo que en el futuro sería puro para Israel, aprendemos que Nóaj estudió Torá, siendo la fuente de esta aseveración el tratado Talmúdico de Eruvin pág. 18, y no encontramos otro antecedente que le precediera). Esta es la diferencia entre el mundo pre diluviano, en el cual no aprendieron y trasmitieron los valores de la Torá, y el nuevo mundo postdiluviano, aquel establecido sobre Nóaj y su descendencia, quienes sí la estudiaron y se condujeron bajo el modelo de conducta de los 7 Principios Universales.

Antes de que estudiaran Torá, todo el instinto de los pensamientos de su corazón eran solo malos todo el día, todo era mal, solo mal, todos los pensamientos eran malos todo el día. Sobre un individuo como este, que es solamente mal todo el día, se arrepintió Di-s de haber creado al hombre. Pero sobre otro que estudia Torá, que doblega su corazón, corrige la mala inclinación y santifica sus pensamientos – de nuevo no es malo, sino de su juventud, pero hay una esperanza para su destino final y una recompensa para su trabajo, que a través de estudiar profundamente la Torá, se inspire y perfeccione sus tendencias naturales, y las pula hasta hacer brillar sus emociones.

 

¡Sobre un hombre como este celebró Di-s un pacto de no traer nunca más un diluvio sobre el mundo!

 

Minjat Asher, sobre el tratado talmúdico de Shabat, Maamar Tikún hamidot en la introducción. | Traducido y adaptado del libro “Kemotzé  Shalál Rav” Bereshit pág. 107.

 

 Bereshit ­1.1-6.8

 "La mujer dijo a la serpiente: ‘Del fruto de los árboles del jardín podemos comer. Pero del fruto del árbol que se encuentra en medio del jardín, Di-s ha dicho: No comerán de él y no lo tocarán, no sea que mueran’”

Bereshit  3.3

 

 En rigor de la verdad, el hombre no tenía prohibido tocar el árbol, sino solo comerlo [Bereshit] 2.17, por eso Rashi comenta sobre el versículo que:

 “Javá [la primera mujer] añadió al [sentido exacto de] la orden divina, por lo cual finalmente acabó reduciéndola. A esto se refiere lo que se declara: ‘No agregues nada a Sus palabras [Proverbios 30.6]’”.

  Esta semana recomenzamos la lectura semanal de la Torá. La primera sección del primer libro, Bereshit, nos cuenta sobre el primer mandamiento que Di-s ordenó a Adam, al primer hombre, de no comer del árbol del conocimiento.

 Sobre ello, el Midrásh explica [Bereshit Raba 21], que la orden que recibió Adam fue solo para el primer día de la Creación, y exclusivamente durante las tres últimas horas de esa jornada, hasta que comenzara el Shabat [el séptimo día], ya que la orden fue en la hora novena, y al alcanzar el crepúsculo, (la decimosegunda hora temporaria contando desde el amanecer) al iniciarse el Shabat se permitiría aquello que estaba prohibido. Incluso así, Adam no pudo contenerse y trasgredió el mandato divino.

Surge entonces la pregunta: Adam era obra de la mano de Di-s y escuchó la voz de su Hacedor, ¿cómo entonces es posible que no lograra abstenerse de comer de un simple árbol?

 Para entenderlo, debemos explicar algunas cuestiones. Es sabido que todo ser humano tiene dos instintos básicos, dos tendencias naturales: una es aquella que lo impulsa a hacer el bien, es decir, todo aquello que el Creador dictaminó como acciones permitidas, acercándose a Él. El otro, es el instinto que lleva a rebelarse contra Él, siendo su más genuina aspiración que la persona haga lo contrario a la Voluntad de Di-s. Todos sus argumentos, cuando le dice a la persona que trasgreda una prohibición o que no cumpla un precepto, argumentando que conlleva muchas dificultades, y requiere muchos esfuerzos y recursos, esos alegatos, en realidad, se perfilan hacia una sola dirección e intención, que la persona viole la voluntad del Creador, y este es el instinto del mal [trasgredir la Palabra de Di-s].

 Es por ello que respecto al precepto que resulta más importante, tanto por la persona, tanto por el lugar, tanto por el tiempo, así también son más grandes los esfuerzos de la mala inclinación para que no llegue a concretarlo.

 En verdad, el Creador no viene con exigencias desmedidas al individuo, y todo aquello que pide, es de cumplimiento sencillo, sin embargo, la mala inclinación viene con todo tipo de argumentos y lógica para que no lo realice.

Cada uno siente de vez en cuando dentro de sí que hay determinados pormenores o detalles que intelectualmente son más fáciles de cumplir que otros. Y a pesar de que estas cuestiones son fáciles en forma objetiva, hay una sensación de que estas cosas simples son costosas de cumplirlas. ¿Cuál es el motivo? Que la mala inclinación aplica un denodado esfuerzo y energías para complicar y enmarañar, especialmente estas cosas que ahora son más importantes para la persona observar.

 Se explica extensamente en las dimensiones místicas de la Torá, que cada individuo tiene cierta afinidad y aproximación con aquellos preceptos que están vinculados estrechamente con la misión de éste aquí, en este mundo, más que con otros preceptos con los cuales está en igualdad de obligación con el resto de la humanidad. Por ello, la mala inclinación influye para complicar, obturar y sabotear el camino a la observancia de dichos mandamientos, al saber que estos son los que tienen mayor impacto y trascendencia para la persona. Esta es una de las explicaciones de los sabios, de que cuando una persona es más grande en espiritualidad que su compañero, su mala inclinación crece tanto más. Cuando la persona es más grande espiritualmente, sus preceptos impactan más, por ello la mala inclinación esfuerza más al individuo. Otro motivo agregado a esto es para que haya libre elección, para lo cual las fuerzas de la impureza deben estar en igualdad de condiciones que las de la santidad. Por ello, cuanto más grande es el individuo, tiene más fuerza de espiritualidad, y proporcionalmente su mala inclinación también se incrementa adquiriendo mayores fuerzas. Por este motivo, Adam no pudo contenerse de comer del árbol del conocimiento. Al ser que era “producto de la mano de Di-s”, justamente por su tan grande elevación poseía una mala inclinación acorde a su excelso nivel.  

Imagina dos fetos gemelos, cobijados y creciendo  cálidamente en el vientre materno. Sus bocas están cerradas, y están siendo alimentados a través del ombligo. Sus vidas son solo tranquilidad y parsimonia. Para ellos, el universo no se extiende más allá del útero. ¿De qué otro modo pueden imaginar algo más grande, mejor, más cómodo?  Las contracciones los bambolean. Los fetos comienzan a preguntarse: "Estamos expandiéndonos cada vez más. De continuar así, saldremos algún día de esta capsula. ¿Qué pasará el día después? "

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